lunes, 22 de octubre de 2012

Por Daniel Samper Ospina

OPINIÓN / REVISTA SEMANA
 
Ahora lo veo con claridad: Uribe era Batman, cómo no. Su personalidad secreta era la de un hombre con gafas y bien peinado que aparentemente cumplía la ley.
 
Sábado 20 Octubre 2012
 
Me leí No hay causa perdida, el libro de Uribe, con la esperanza de llevarlo a la pantalla grande. Desde hace un tiempo quiero competir con las comedias costumbristas que Dago García estrena en diciembre, y supuse que contar la vida de Suso El Paspi haría las delicias de la familia colombiana, dada a reírse cuando un actor grita una grosería.
 
No fue fácil leerlo, no crean, porque lo escribió originalmente en inglés, y de ahí lo tradujeron al español, y luego al paisa, y en ese periplo se perdieron varios conceptos: los tres huevitos, por ejemplo, aparecen traducidos como "the triangle of trust", con lo cual la narración pierde vigor erótico. Sin embargo, el traductor consiguió verter al español aquellas frases de Uribe que en inglés no sonaban tan bien: "Minister Palace: give a notary in Barranca Bermeha to this woman and she changes the little articule"; "If I see you, I give you in the face, you pussy"; "Don´t call me gay, don´t call me paracus"; "Another question, my friend"; "Vice-president Saints, I am scratching my three little eggs".

El libro está lleno de grandes momentos, pero el mejor de ellos es el capítulo en que Uribe se reconoce como el Batman criollo: "Se me ha descrito como una especie de Bruce Wayne suramericano -afirma-: un niño privilegiado que juró vengar la muerte de su padre asesinado por bandidos". Bruce Wayne, para el que no lo sepa, es Bruno Díaz: un galán multimillonario que de noche se convertía en Batman; que, posteriormente, se tiñó el pelo de amarillo para protagonizar una novela. Y que, ya en el colmo de la decadencia, terminó como concejal del Polo Democrático.

Sé que el país es proclive al humor involuntario, y yo mismo llevo un mes comentando el episodio en que el actor Naren Daryanani perdió una 'simón gaviria' en un partido de fútbol y rogándole a Roy Barreras para que le insista a Angelino que se haga el examen de próstata pero con mucho más tacto. Sin embargo, creo que esta vez estamos ante un hallazgo inmortal.

Ya decía yo que Uribe me recordaba a algún enmascarado, aunque no necesariamente asumí que fuera el hombre murciélago, chupasangre por naturaleza. Pero ahora puedo verlo todo con claridad: Uribe era Batman, cómo no. Su personalidad secreta era la de un hombre con gafas y bien peinado que aparentemente cumplía la ley. Sin embargo, en las madrugadas -porque era bien madrugador- volaba al Palacio de Justicia para hacer de las suyas con los otros superamigos: los gemelos fantásticos, que eran los hermanos Palacio y andaban con un gracioso mico que colaban en las leyes del Congreso; alias La Mole, que era Valencia Cossio; Flash, que era Andrés Uriel Gallego; la Mujer Maravilla, que era Alicia Arango; el hombre Arana, sin eñe; el Santos, que después se convirtió en el Guasón. Y el Pincher Arias, que, como es obvio, era Robin: un agraciado adolescente rubiecillo que andaba en lycra verde y a quien Batman llevó a su 'Paracueva' para que vivieran todo tipo de aventuras: andaban en una 'Bati-yegua'; repartían 'Bati-subsidios' entre millonarios; alquilaban películas en 'Batimovie'. Y mandaban a César Mauricio al 'Bati-cano'.

Pero cuando me disponía a escribir el guión intuí el final: que los superamigos fracasaban en su plan de meter un 'Bati-articulito' para adueñarse de Ciudad Gótica y a Batman le daba tanta rabia que se convertía en Hulk, el hombre verde, y terminaba dándole en la cara a Robin, por marica. Y entonces desistí de mi idea: la verdad es que la historia de Uribe no da para llevarla al cine sino, a lo sumo, a la TV. Y ni siquiera como serie, sino en formato de concurso. Y esa es mi idea de hoy: que la segunda parte de La voz Colombia, sea con Uribe.

En un primer momento pensé que deberían hacerla con líderes del Partido Liberal y utilizar una gigantesca réplica de la mano de Vargas Lleras para que sostuviera el micrófono con la V de victoria, lo cual ahorraría costos de utilería. Soñaba ver en las sillas giratorias a algunos expresidentes liberales, famosos por las cosas que les hacen en las espaldas. Y entre ellos -y esto me emociona- a mi tío Ernesto: imaginaba que al fin lográbamos reencaucharlo, como pasó con Montaner, y me erizaba todo: ¿quién podría destacarse más que él en un concurso en el que todo sucede a sus espaldas? Ni siquiera Santos, que se voltearía ante cada participante. Porque Santos siempre se voltea.

Pero volví a la idea de basar el concurso en el Paspi porque el formato podría servir para juzgarlo de una vez.

La idea es que el juez Baltasar Garzón reemplace a Carlos Vives; Iván Cepeda a Andrés Cepeda; Capriles a Montaner y Gina Parody a Fanny Lú. Los concursantes serían Miguel de la Espriella, Salvatore Mancuso, Yidis Medina y el general Santoyo, entre otros. Cada uno tendría un entrenador: el de Mancuso sería Yair Klein; el de Yidis, Sabas. Los participantes deben cantar lo que saben, y en la medida en que se impresionen los jueces se irán volteando. El objetivo del concurso es conseguir que Uribe recupere la voz, al menos la de la conciencia. A quien lo logre, el DAS le grabará, si no un disco, al menos una llamada telefónica. Y, como castigo, quienes pierdan recibirán el 'Bati-libro' de Uribe, así no hablen inglés.
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