domingo, 11 de diciembre de 2011

Soldado desmovilizó a su madre guerrillera




Javier Alexander Macías
Medellín / Periodico El Colombiano
Publicado el 11 de diciembre de 2011

Las primeras palabras que su hijo le susurró a "Carmen" nunca podrá borrarlas de su mente. "Vine por usted y me voy a quedar acá hasta que usted me diga que sí, para llevármela", fueron las frases tartamudeadas que aún retumban en la mente de la mujer, y siguen ahí recordándole el tiempo que estuvo en la selva.

Ocurrió hace ocho meses, cuando en una tarde lluviosa y de calor, como las del Pacífico colombiano, Carlos*, un soldado del Ejército Nacional y único hijo varón de "Carmen", se internó en las profundidades de la jungla chocoana para desmovilizar a su madre, una guerrillera del frente 5 de las Farc, con más de 29 años en la guerrilla.

Fue un encuentro tranquilo, sin exclamaciones de alegría. Los nervios asomaron en los dos, pero más en el joven soldado que se infiltró en las Farc para traer de regreso a su madre, con quien nunca compartió en su niñez. Una persona que solo tuvo noticias en pequeñas cartas con corazones flechados y quien por años fue su enemiga.

Dice "Carmen" que "la primera vez que yo lo ví fue cuando llegó por mí. Fue un impacto muy grande, porque yo había dejado un bebé pequeñito y ahora me encontraba con un hombre. Esa vez me pregunté ¿será mi hijo? Y de la emoción casi me escondo. Yo lo quería abrazar, pero a la vez quería huir, fue algo muy extraño", recuerda alias "Carmen".

Carlos*, asustado pero valiente, se quedó dos meses en el campamento guerrillero. Adoptó la actitud de los subversivos y vivió donde su madre estaba bajo el mando de alias "Isaías Trujillo". Así empezó a ganarse la confianza de los guerrilleros. En ocasiones, estando solo, se pasaba horas contemplándola, con una extraña fascinación por ese ser que llevaba su sangre, pero que había tomado el camino de las armas en las Farc.

Un día por fin pudo abrazarla. Desde ese momento durmieron juntos, recuerda ella. En los cambuches empezaron a contarse historias atrasadas de años de ausencia y en las noches, en la oscuridad de la manigua, comenzaron a planear su fuga.

"Carmen", la guerrillera

La vida en la guerrilla comenzó para "Carmen" a los 14 años. Estudiaba quinto de primaria cuando las atrocidades del conflicto tocaron por primera vez las puertas de su humilde vivienda campesina. Su hermano fue desaparecido, nunca supo nada de él. Todavía no sabe nada de él.

Comenzaron en familia la búsqueda, pero no encontraron rastro alguno. En esos "ires y venires" como dice "Carmen", recibió una vez una carta. Pensó que eran noticias de su hermano, pero era de "Isaías Trujillo", uno de los comandantes del 5 frente de las Farc que la invitaba a participar de esta guerrilla "para construir una nueva patria donde cupiéramos todos". Fue un mensaje muy extenso, tanto, que "Carmen" ya no lo recuerda bien.

Y la joven terminó en la selva. Recuerda alias "Carmen" que en ese entonces su sueño adolescente era ser Policía. Pero nunca pudo cumplirlo. Las armas y la milicia de las Farc la sedujeron por 29 largos años.

Ya 'encuadrillada', aprendió la sastrería y se encargó de hacer los uniformes de los guerrilleros. Luego fue adoctrinada y se volvió ideóloga. "Me desempeñé en cosas sencillas. Luego me enviaron a hacer un curso para trabajar en la radio y trabajé en la emisora La Resistencia José María Córdoba. Luego trabajé en organización de masas".

Y en las montañas conoció a su pareja. Tuvo tres hijos con él. Según las normas de las Farc, en el monte no caben los bebés. Regalarlos fue la única opción.

"No oculté mi embarazo. En ese entonces no obligaban a abortar, pero cuando nacieron, mi compañero los llevó donde unos conocidos. Allá se criaron, lejos de mí. Siempre los tuve presente, sobre todo en Navidad, cuando sentía este vacío y lloraba por ellos y por mi padre", dice "Carmen".

Las injusticias, los combates, la práctica de los abortos a guerrilleras embarazadas, los fusilamientos, el asesinato de su compañero sentimental por el frente 34 de las Farc cuando quiso volarse para recuperar a sus hijos y otras muchas cosas, hicieron que "Carmen" sintiera que allá, en la selva, donde la espesura no permite que entre el sol, ya no estaba su lugar. Quería fugarse pero no sabía cómo. Por eso cuando su hijo le dijo esas palabras, sintió que había llegado el día.

Carlos, el soldado

Carlos creció en el seno de una familia campesina después de que su madre tuvo que regalarlo. Su nueva familia era humilde, trabajadora, que obligada por los fusiles, tuvo que prestarle sus servicios a la guerrilla.

Supo de su madre por cartas que de cuando en cuando enviaba la mujer y que llegaban con fechas muy atrasadas y en las que los corazones flechados terminaban desteñidos en hojas amarillentas.

A los 18 años supo que su madre era guerrillera y entonces "hice la forma de enrolarme en el Ejército para ir por ella, para traérmela".

Fueron días de duro entrenamiento. Habló con dos compañeros de inteligencia que le enseñaron como infiltrarse en las Farc. Ahí comenzó su trabajo de filigrana. El Ejército lo apoyó "en la misión más difícil pero más importante de mi vida"

Recorrió los kilómetros de la manigua con un sentimiento adverso, porque sabía que en un combate "podría encontrarme cara a cara con la guerrilla y ahí con mi madre, que en ese momento sería mi enemiga. No podría disparar. No tendría fuerza".

Envío papelitos con números de teléfono para que "Carmen" lo contactara. Algún tiempo fue en vano, pero una mañana, mientras limpiaba su arma de dotación recibió la llamada. Su madre, lo contactaba desde la selva. Ahí comenzó otra historia.

El día de la fuga

Después de muchas llamadas, en las que el silencio era más largo que las palabras, de horas de seguimiento de inteligencia, de acercamientos infructuosos y de esperas interminables, Carlos ayudado por "Carmen" llegó al campamento guerrillero del 5 frente.

La mujer lo presentó a los comandantes como su hijo, con el temor de que descubrieran que era un soldado y que había ido por ella.

A su llegada y al ver a su "mamita", el militar frente a un puñado de guerrilleros se resbaló. "Muchos de ellos se rieron. Pensaron que era porque tenía susto de entrar a la guerrilla. Lo que no sabían era que estaba asustado por ver a mi madre", dice.

Se paró de inmediato y le dijo en el oído a "Carmen" "he venido por usted y no me iré solo". Estas palabras fueron melodía para la guerrillera quien desde hacía algunos meses buscaba desertar.

En las noches, mientras hacían guardia y apretaba los fusiles escondidos en troncos de dos metros de espesor, madre guerrillera e hijo soldado comenzaron a planear como fugársele a las Farc.

Pasó una semana en la que estudiaron el terreno boscoso. Observaban el curso de los ríos, el clima y qué hacer en caso de que lloviera, si alguno se quedaba atrás cómo maniobrar. Estudiaron hasta la rutina de la compañía y entendieron que volarse a las 5:00 a.m. no era lo más conveniente porque todos se levantaban a tomar café y en la noche se enfrentaban a los peligros de la selva.

Por eso Carlos entendió que la mejor hora para fugarse era las 2:00 de la tarde, frente a todo el mundo, asegurando que iban a una misión a un pueblo cercano.

Contrató una panga exprés para movilizar a su madre lo más rápido posible. "Pagó 500.000 pesos para que ese señor me sacara por el río Atrato. Estábamos en una ciénaga y todos los movimientos se hacen en barcos pequeños. Nadie sospechó", recuerda "Carmen".

Ese día, ella les dijo a sus comandantes que iba a una reunión para adoctrinar a unos simpatizantes. A su hijo lo envió adelante, con unos supuestos suministros para unos campesinos.

Tras hora y media de viaje por separado entre ríos y selva, la guerrillera y el soldado se encontraron en Brisas de Bajirá, junto a la base militar. Volvieron a abrazarse. Sintieron que los dos volvieron a la vida. Ella por dejar la guerra, él por haberse infiltrado en el corazón de las Farc para arrancarles a su madre.

"Carmen" ahora vive en una Brigada del Ejército como desmovilizada. Añora recuperar a sus otras dos hijas que tuvo que dejar para seguir en las Farc.

Dice que quiere borrar todo su pasado en la guerrilla. Lo único que no borra de su mente son las palabras de su hijo, cuando en una tarde lluviosa le dijo al oído que había ido por ella. Su amor triunfó por encima de la guerra.

*Nombre cambiado por seguridad.





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